Ida sin vuelta

Todos los domingos hablaba con mi abuelo, hablábamos del clima, del desayuno, de mis juegos, de cualquier cosa ahora el domingo se siente vacío, no sabía lo difícil que es mundo sin él y ahora debo caminar sin si brazo en mi hombro, la desesperanza vuelve a mí, dejando su amargo sabor en mi boca, con la expectativa de que su llamada aparecerá

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